Crecer para adentro

Quién nos iba a decir a cualquiera de nosotros, que íbamos a vivir una situación como esta.

Nosotros, que hemos escuchado mil batallitas de nuestros abuelos sobre la guerra y situaciones de confinamiento que nos parecían surrealistas, de repente nos encontramos en una situación que nunca hubiéramos imaginado.


“No se veían las plantas cubiertas por la nieve. -Y comentó, gozoso, el labriego dueño del campo: ‘ahora crecen para adentro’.


Vivimos un momento de parón forzoso, de encontrarnos en casa, sin todas esas cosas que normalmente nos llenan el día a día y que nos dan seguridad.

Ahora estamos solos nosotros, con los nuestros, y Dios.


Vamos a aprovechar estos días para hacer todo lo que nunca nos da tiempo a hacer: mirar adentro, encontrarnos con los nuestros, con los que estemos en casa y con los demás a través de las múltiples oportunidades que ofrece la tecnología, pero sobre todo, vamos a encontrarnos con nosotros, con nuestro interior, vamos a encontrarnos con Dios.


Nunca pensamos que nos iríamos a encontrar en esta situación en la que no nos podríamos reunir para celebrar la Eucaristía. Quizá cuando volvamos a poder, lo valoremos más.


No va a ser un camino fácil, pero de la mano del Señor vamos más ligeros, y más contentos. Y entonces, haremos más fácil la vida a los que nos rodean, y cuando acabe esta pesadilla, saldremos reforzados y dando gracias por este tiempo que nos obligó a parar.


No hay nada que sea casual, y esta cuarentena nos ha pillado en Cuaresma. Quizá así comprenderemos y nos asemejaremos mejor al Señor en el desierto, y daremos fruto.

Que esto sea una ocasión para que de verdad seamos más santos y hagamos santos a los demás.


Desde la Parroquia, trataremos de colgar todos los días alguna reflexión para que cada uno en su casa pueda rezar un rato.


Seguimos siendo familia. Seguimos siendo Iglesia.


Rezamos unos por otros.



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