Algo grande y que sea amor

El corazón humano es un gran pozo que nunca acaba de llenarse, porque está hecho para Dios, y no va a descansar hasta que no vuelva a Él. No lo decimos nosotros, lo decía San Agustín.

Los grandes santos, siempre han sentido dentro de ellos, esa llamada que les pedía algo más, que les llevaba a soñar con algo grande y que fuera amor, aunque no lo vieran enseguida. No les pedía el corazón comodidad, ni buscarse a sí mismos, ni dinero... No: algo grande y que sea amor.

Si estuviste el domingo en la Eucaristía de las 12, escucharías algunas de las preguntas que se les hacían a los niños de catequesis y las respuestas que daban:

"-¿Qué fruto se espera que den las higueras?

-¡Higos!

-¿Qué fruto se espera que den los manzanos?

-¡Manzanas!"

Y llegó la pregunta estrella... Con la respuesta brillante de una niña:

"-¿Qué fruto se espera que den los hombres?

-¡AMOR!"

Efectivamente, estamos creados por Amor y nuestro destino es Amar. No ser famosos, o que los demás vean en nosotros alguien grande, o que los demás nos alaben, o sentirnos valorados...

El Amor es curiosamente, algo que nunca se cansa de crecer, y que cuanto más tienes, más se multiplica.

Estos días hemos celebrado el día del Padre y la Anunciación del Ángel Gabriel a la Virgen María: en ambos casos, en María y en José, se da una coincidencia, y es que siempre que tenían que escoger, elegían la opción más generosa, la que fuera darse más y la que fuera amar más.

Este puede ser un buen propósito para estos días de Cuaresma para nosotros: que en cada ocasión que se me presente en el día, que elija siempre la que me lleve a amar más.


¡Feliz semana!



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